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VORTICE- PAISAJES DESORDENADOS

 

Esta muestra de Rocío Rodrigo y Carolina Kecskemethy es una reflexión sobre el género, el Eros, el poder , el rol femenino, las beatas y las empoderadas, las luces, el agua, el basural , las sombras ,las identidades…

Quedémonos con las preguntas y discursos sobre lo femenino . Y ahí están las mujeres y el hombre de Rocío, los dibujos , las pinturas y el mural de Carolina, que se pinta a sí misma como canes desplazados, casi fuera de lugar, intentando buscar su espacio, su rol, su juego.

Y están las mujeres de Rocío de fuerte presencia, de cuerpos no idealizados, que le sirven para hablar del poder y el rol de la mujer hoy, de su identidad sexual.

Una de estas mujeres, de rasgos nativos, aparece “ bañada” en el basural de las aguas que ya no son el espacio para la vida. La mujer y el agua en donde se origina la vida están contaminadas, heridas. Es la abundancia y el residuo lo que las está dañando. El poder sanador y regenerador de ambas se mantiene, como sosteniéndose frente al embate de un sistema y una sociedad sordas a su naturaleza.

Las costas/basural de Lima que dibuja Carolina hacen la misma referencia y más ya que son el contexto y enfatizan el residuo , esa otra ciudad de restos a ser reciclados por lo marginal, los marginales. Esa otra ciudad en donde la basura y “los otros “ re -utilizan el sobrante y los desechos que dejan la abundancia y el consumo.

Otra de las mujeres, de rotunda presencia, sostiene una calavera, la reliquia de una virgen, de una mujer violentada. Es la autoridad de la vida que parece pedir vida, que nos confronta con la violencia y la muerte.

La representación de una mujer joven que hace un selfie de su sexo señala que las jóvenes, la joven, está tan violentada como las otras. Los dibujos de Carolina llevan al Eros por otros rumbos. El panorama se abre hacia la exploración y el goce. Los discursos se rozan y se distancian.

La imagen de la mujer alta en la postura de la Venus de Botticelli, del nuevo sujeto, aquí no intenta ocultar su sensualidad. Esta mujer empoderada, sofisticada, es la otra cara del género “débil” del pasado.

El hombre, desnudo y abierto, representa a otra minoría , a las minorías, también relacionadas al género.

Mujeres castigadas, confundidas, hombres que están de su lado, mujeres que se aman y aman su sensualidad, son parte de un registro de género que repasa, pues, la relación de la mujer con el mundo, su cuerpo y su identidad.

Los dibujos e intervenciones de Carolina apuntan no sólo al contexto sino que abre el discurso a otras asociaciones (como la ciudad – basural) o expande el registro (como el sensual y sexual).

La polifonía de sus voces, el de las artistas, puede mostrarse como un conjunto desordenado de sonidos que se tocan y se alejan, se acompañan o se separan.

Estas imágenes, estas sombras, estos cantos, estas palabras, ¿Qué vórtice llenan? Señalan vacíos, diferencias, semejanzas. Buscan y dibujan identidades.

es una necia diligencia errada;

es un afán caduco, y, bien mirado,

es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.

Sor Juana Inés de la Cruz