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Fernando De Szyszlo es, sin lugar a dudas el artista de mayor trascendencia y gravitación que ha tenido la plástica contemporánea del Perú, el que con mayor permanencia nos ha representado a nivel internacional y el que más ha sido y continúa siendo identificado con el arte peruano.

Artista que hace muchos años, en contra de la corriente de la época, escogió quedarse a vivir en el Perú, dispuesto a renovar el medio artístico y el gusto del público, convirtiéndose en el tiempo en uno de los pocos pintores en quienes la calidad latinoamericana es un atributo real.

Este año conmemorando sus 90 años de vida se han organizado tres eventos significativos para festejarlo. Una Antológica que se realizará en el Museo de Arte Contemporáneo, MAC, una exposición individual y otra retrospectiva de Grabado que se realizará en La Galería Inca Garcilaso de la Vega, en Relaciones Exteriores.

Szyszlo es más que un artista, es un humanista, un pensador, poseedor  probablemente de una de las inteligencias más lúcidas de una generación privilegiada de intelectuales y artistas. Fernando no se contenta con sólo ver pasar las cosas, le interesa el transcurrir de los acontecimientos y de los hombres, llevado seguramente por esa curiosidad y gran vitalidad que le son tan afines. Es por ello que sus obras son profundos ensayos sobre la esencia y condición de las cosas, de la vida y del ser humano en todos sus aspectos. Se puede decir que Szyszlo es el gran poeta de la imagen.

Según Mario Vargas Llosa, la característica más saltante en la obra de Szyszlo es la elegancia, que podría definirse cómo la sabiduría de la medida, el talento de saber guardar una cierta reserva. La pintura de Szyszlo no se entrega ni fácil  ni rápidamente, quizás una de sus mayores constantes es la de dejar al espectador con la impresión de que algo esencial le ha sido escamoteado, que lo que ve y admira es sólo una parte.

No se ha contentado en ser mero testigo de su época sino que asumió el rol de protagonista empecinado. Activo y entusiasta promotor y líder de movimientos culturales, asumiendo con responsabilidad, tenacidad y constancia lo que ello implica.

Ha estado toda su vida con los ojos muy abiertos, preocupado no sólo por la búsqueda sistemática de sensaciones en el campo de la pintura sino que ha extendido y perfeccionado ese empeño a todo lo relacionado con el arte, con la inteligencia y con el hombre mismo, convirtiéndose en un permanente testimonio generacional.

Son 69 años de carrera artística las que tiene este prolífico y gran artista, profesión de la que uno nunca se jubila según propias declaraciones, porque siempre es un sueño elusivo.

“Ese tratar de expresar lo propio, que al mismo tiempo envuelve las propias raíces es un ejercicio maravilloso y humillante. Al final uno sólo suma derrotas y el cuadro que ibas a poder colgar al costado de una de las batallas de Uccello o de la Muerte de Sardanápalo de Delacroix nunca lograste sacarlo y te quedas siempre con los despojos de esos combates, el botín lejos pero siempre casi al alcance de la mano.”  ( Szyszlo )