GALERÍA FORUM
DESDE 1974
AV. LARCO 1150 SÓTANO
MIRAFLORES LIMA PERÚ
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La obra de Denise Mulanovich ha sido en estos años sobre todo un exitoso ejercicio próximo a la artesanía, al diseño, a la escultura. En lo estrictamente formal esto ha sido expresión de resistencias a la rigidez que ella ha declarado percibir en el lienzo. Expresión, también, de una alegría de vivir sin sombras. Vistas del amanecer sobre el trópico. De aquel periplo queda en esta muestra el tratamiento versado y tierno de un mundo vegetal y una atención a las texturas, que ahora funcionan más como testigos de un drama humano que como fondo neutro. Cuando hace seis años Mulanovich exhibió los lienzos de la serie Naturaleza viva (Galería Forum) sus personajes eran habitantes de un planeta vegetal agigantado, y en esa medida seres diminutos, prácticamente gnomos tropicales, incluso vestidos de blanco para no desaparecer entre el follaje. Esta vez los personajes no están definidos por el tamaño. La clave de su presencia es que dominan la escena natural, a la cual le imponen los términos de una dignidad humana, y su clima. Obligan a la composición a abrirles espacio. Los personajes están “encuadrados”. Mulanovich los obliga a los rigores de la simetría, el centramiento, la participación en cuanto volúmenes en el equilibrio de los planos. Aun con las nuevas relaciones de escala, en estos cuadros los detalles del contorno y las texturas del fondo, limitados por la rotunda presencia humana, son de gran interés: constituyen un discurso paralelo de motivos decorativos ubicados en la discreción y a la vez un indicio de que toda la muestra ocurre en un mismo espacio. Quedan sombras de lo paradisíaco que infundía la muestra del 2002, pero ahora es un paraíso con responsabilidades. Esos detalles y texturas circundantes sugieren cestas, jardines, sutiles presencias del arte popular, confundido a veces con estilizaciones de las cadenas de ADN. Los anteriores espacios de Mulanovich eran variantes de la selva amable (incluso desde la madera lisa y dulce de las esculturas). El espacio que aloja esta última muestra evoca más bien un jardín frondoso al borde de varias culturas. Los cuerpos -porque esta es una muestra de cuerpos antes que nada- aparecen perplejos, en una situación de movimiento suspendido. A pesar de estar muchos de ellos apenas vestidos, tienen una falta de desnudez que no es totalmente occidental, sino expresión del impudor expansivo que adorna el arte de varias otras regiones culturales del mundo. El color es el que nos dice que estamos ante un paraíso muy esforzado para los cuerpos, pero de alivio para el alma. Los colores son serios a la vez que muy intensos. Ocre, siena, negro, concho de vino, verde casi petróleo. Una de las expresiones recurrentes para describir el trabajo de Mulanovich ha sido humor e ironía. “Humor y color, mirada irónica y ácida”, dijo Claudia Polar sobre la muestra del 2002. Estos cuadros de ahora son láminas de otro libro. Cierta alegría juguetona ha sido reemplazada por la concentración del ejercicio físico y la celebración del cuerpo. Quizás con un estrechísimo espacio para la picardía. Pero sobre todo seriedad y sentido del propósito. Intentos de llegar a una circularidad, de establecer un espacio para la actividad de estos personajes que son a la vez ciudadanos comunes y corrientes, atletas, luchadores, semidioses. En todos los casos algo más grandes que la vida real, y todos ellos actuando o inactuando ante el espectador y para él, de una manera misteriosa. Si quisiéramos ser más precisos, el registro de actividades sobre el lienzo es variado: hay lo que parecen ser cazadores en el bosque, humanos-viñeta sobre un mandala, un hombre-camafeo, un humano-tarántula. A la vez sus actividades son sombras de antiguas tareas humanas: caza, pesca, recolección. ¿Qué dicen los gestos de los personajes? Algunos son hieráticos y sugieren una religiosidad contemplativa, o la imitación humana de ciertos animales silenciosos. Todos miran hacia su propio mundo no hacia el nuestro: escribo estas líneas antes de que los cuadros hayan sido colgados, pero intuyo ya una barrera entre la muestra y el espacio donde son exhibidos. Los vemos. Nos asomamos a ellos. No nos ven, pero nos transmiten sus meditaciones. Mirko Lauer