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Escribiendo sobre lo ya escrito, cuando el mito se sirve del hombre.

Un hombre toma un pincel y pinta, como tantos antes sobre  tantos otros lienzos. Palimpsesto es la palabra que usamos cuando hablamos de un manuscrito que conserva las huellas de otra escritura anterior en la misma superficie borrada expresamente para dar lugar a la que ahora existe, y es la metáfora que escoge Moico Yaker para presentarnos su trabajo en esta oportunidad.

Moico Yaker es un artista prolífico, enérgico y constante en su actividad, que extiende su trabajo en soportes que van desde la tela y el papel hasta la cerámica y el metal, y en temáticas que, expresadas plásticamente, abarcan un complejo mundo de preocupaciones ontológicas, filosóficas, históricas y religiosas, pero sobre todo vitales.

El palimpsesto al que alude la muestra propone descubrir la superposición de discursos y niveles de lectura en la obra presentada. Yaker presenta óleos y metales grabados.  La exposición está pensada como una representación de teatro, un teatro del mundo. Las pinturas al óleo forman lo que sería la audiencia y los metales lo que sería la representación.

Los óleos presentan bellas sillas Luis XV minuciosamente pintadas. La particularidad de estas sillas es que los tapices están trabajados con imágenes de las pinturas icónicas del constructivismo ruso, imágenes que son pilares importantes de nuestra concepción de lo moderno. Transcurrido el tiempo, de un siglo al otro lo que era fundacional en nuestra historiografía del arte deviene en banal decoración.  Moico nos habla además de otras superposiciones: la silla barroca por excelencia alberga armónicamente a la abstracción geométrica. El constructivismo además fue el movimiento que acompañó el inicio de la revolución bolchevique, este año se cumplen 100 años del uso del término y de la propia revolución. Lo que era revolución se transforma en una silla vacía.

Estas sillas vacías son la audiencia silenciosa pero llena de información que asiste a la representación de lo vivido que se sucede en las hermosas piezas de cobre y bronce quemadas con ácidos para oscurecerlas, y luego ser bruñidas de modo que la imagen luminosa aparezca literalmente desde la oscuridad.

Como anécdota nos cuenta el artista que mientras pintaba esta propuesta no era consciente de que, efectivamente, este año 2017 era el centenario del movimiento constructivista y de la revolución rusa, y es así que, en este juego de espejos, el mito – y cita a Levi-Strauss – se sirve del hombre para expresarse y vivir.