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La exploración de puntos de vista para aproximarse a lo real, la necesidad de su elaboración simbólica, la importancia de acercarse a la vida como a un texto, la sed de conocer la naturaleza del conocimiento, de leerlo todo, pensarlo todo, de verlo todo…aparece en la obra de Carolina Kecskemethy materializadas en un universo visual heterogéneo, global, inteligente y de un humor sutil.

Las diversas alusiones y  presencias de la morfología del dibujo decimonónico o anterior en el tiempo del mundo Occidental,  la presencia indicial del objeto y su huella en sus instalaciones, la presencia de la colonización ideológica y , por lo tanto, estética, en sus piezas , nos llevan a un universo complejo en donde el estilo  y el lenguaje siguen siendo el de los Centros político- culturales de Occidente en un espacio en donde las estrategias parecen proliferar e ir desde el gesto performático más antiguo – el dibujo mural – al uso de lentes , papeles , o exquisitas  gigantografías de la copia de la copia.

El híbrido lenguaje de Kecskemethy es el vehículo para el discurso acerca de la mirada que capta, que es , en sí misma, biológica, psicológica  emocional y culturalmente limitada. Esta está siempre al acecho para, como un cazador, enviar  la información perceptual, captar la imagen, codificarla, poseer la realidad o tener la ilusión de poseerla.

Este acto  más emocional y psicológico que real,  lleva a Kecskemethy a dramatizar el drama de esta imposibilidad: con  el deseo de cazar, el “cazar” acaba , como siempre, con la ilusión de cazar, con el deseo en sí; la mirada que debe o quiere “captar” lo real, sólo puede hacerlo fragmentariamente. El panorama no puede nunca ser total. No puede jamás captarse todo. NUNCA NADA ES TODO.

Y la mirada, como metáfora de esa subjetividad , de operaciones mentales tales como el análisis o la toma de conciencia de “ lo real”, siempre parcial, fraccionada, vuelve al sujeto, es parte de la morfología misma de la mirada y de la subjetividad.

En las metáforas de Kecskemethey cada vez que algo es “tocado”, visto, “descubierto”,  por el sujeto,  un trozo de la representación de un animal, un punto en la representación de la anatomía interna del sujeto en las copias decimonónicas,  desaparece,  o se marca…Y en ese instante de  “posesión”, “ toma de conciencia”, la experiencia se vuelve “pasado”, . Ya no existe. Sólo queda la huella. O la muerte.  O la nada.

El espacio y el tiempo en las metáforas y las representaciones de la muestra  son un guiño de exquisito humor , de objetos y referentes que han colonizado a muchos sectores socio- culturales locales , que siguen colonizando el imaginario de ciertos sectores de la Periferia y permaneciendo en el de los Centros: los cowboys y los indios de zinc, los dibujos realistas al estilo de los de artistas occidentales del XVII, ó XVIII, la láminas anatómicas del XIX, el espacio teatralizado de la segunda sala.

Todo es inanimado, casi ilusorio, y su percepción, el juego de asociaciones e impresiones que nos permiten estas  representaciones y apropiaciones ,  inmediatamente quedan en el pasado, imposible de permanecer , imposible de que todos los sentidos puedan ser cubiertos y  salvados del Tiempo .

Nunca nada es todo.

Ana M. Rodrigo Prado

Lima, marzo 2015