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Museo Estético

Crear belleza en un país desmoronándose, es bizarro. Esta frase da inicio al texto que acompaña la exposición Museo Estético con la que el artista Herbert Rodríguez recibirá al público en la Galería Fórum desde el próximo 03 de agosto. Rodríguez vuelve a Fórum, un espacio vital en su trayectoria artística durante las décadas del 80 y 90.

Museo Estético reúne el acervo pictórico de Rodríguez desde 1978 al presente, ese otro conjunto de obras realizado a la par de su producción con los Huayco o Los Bestias, la Carpa Teatro, la escena subterránea, las muralizaciones en San Marcos y la PUCP, hasta El Averno. Instantes en los que afloran tótems, máscaras y personajes de mil rostros cargados de colores contrastantes. Difícil intentar hacer un discurso estético desligado de las preocupaciones manifiestas en su obra experimental, contracultural, contestataria y política. Un legado que se pudo apreciar ampliamente en su exposición Nadie sale vivo de aquí: Cuatro décadas de insolencia visual 1979-2016, presentada recientemente en el ICPNA de Lima.

Museo Estético presenta la propuesta pictórica más bizarra de Herbert Rodríguez, una forma de política encubierta, a full color y en tekno color). Sí, porque pintar con colores puros e intensos era un acto político a fines de los 70. “Desde la mirada académica cargada de prejuicios, se la señalaba en la categoría ‘huachafo’. Ser experimentalista, combinar técnicas, utilizar soportes cargados de cotidianeidad (papel de periódico, cartones y materiales de desecho reciclados) era ser iconoclasta. Mirando hacia atrás, digo: ¡qué fácil era chocar con el ‘buen gusto’ establecido!”, manifiesta el artista.

La muestra reúne 63 obras entre tintas, acrílicos, collages, dibujos, esculturas y ensamblajes en diversos formatos y conformados en 3 conjuntos. El primer conjunto reúne obras tempranas siendo la más antigua “Signos” de 1978, en la que se destaca la influencia de la abstracción geométrica de Mondrian y el grafismo surrealista de Miró. Otras piezas interesantes son dos tintas de 1979 que bajo el título “Ritual” avizoran lo que sería unas de sus primeras obras texturalistas, “Colgajo”, ensamblaje que exhibió en el histórico Festival Contacta 79 del grupo Paréntesis. En estas tempranas obras la búsqueda creativa de Rodríguez se simboliza en los tótems que surgen de la influencia de la naturaleza y su admiración por la riqueza ancestral y su cultura viva. Como el artista refiere, “mirar el paisaje de la costa chorrillana, el entorno de los Pantanos de Villa, el mar, el cielo, el horizonte, los colores de la luz del sol en la arena, y esa especie de guardianes arcaicos que son las palmeras. Y también lo social, lo que significa sentir el Perú en sus contrastes: ricos y pobres, su dolorosa miseria y a la vez su permanente vitalismo festivo -¡su cultura viva! Y mi impulso creativo que surge de la rebelión contra la cultura oficial (la paleta de colores y técnicas) europeísta.” Vale recordar que de esta propuesta surgió su instalación tropical “Altar al yo”, que lo llevó a representar al Perú en la Bienal de Sao Paulo, en 1983.