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LOS VENCIDOS DE LA HISTORIA
En How would you like to be me? Claudia Salem presenta un conjunto de obras vinculadas por un potente leitmotiv: la deshumanización del otro como resultado de la indiferencia, el desprecio y/o la discriminación de los que es objeto por parte de aquellos –individuos, sociedades, culturas– que se autoerigen como paradigmas hegemónicos y excluyentes de la civilización. Se trata, pues, de una muestra que invita a la reflexión en torno a las relaciones de poder tal y como ellas se ponen de manifiesto en las prácticas políticas contemporáneas. La negación de la humanidad de quienes se encuentran más allá de las fronteras –reales o simbólicas– de lo que constituye el mundo “moderno, occidental y cristiano” se convierte aquí en el punto de partida conceptual para la elaboración de piezas que hacen crítica alusión a la violencia y el sometimiento ejercidos de manera sistemática contra pueblos periféricos y a los mecanismos a través de los cuales pretende legitimarse: la invisibilización, la animalización y la banalización de su identidad, de sus costumbres, de su tradiciones.

De esta manera, la pregunta que da título a la muestra –How would you like to be me– nos coloca, por un lado, frente al carácter globalizado de la dominación postcolonial –de ahí el uso de la lingua franca de nuestro tiempo: el inglés– y, por otro, nos pone de cara ante una situación límite que preferimos ignorar en la medida en que asumimos que no nos afecta directamente. “¿Te gustaría ser como yo?” ó, dicho de otra manera, “¿te gustaría estar en mi lugar?” es la interrogante que Claudia Salem, poniéndose en el pellejo de esos excluidos de la tierra, nos plantea a través de una serie de objetos ruinosos –a caballo entre la escultura, el dibujo y la instalación- que han sido trabajados con materiales de demolición: madera, caucho, fierro, cemento, etc.

En medio de la precariedad y la devastación emergen, sin embargo, rastros de historias de vida de modo tal que lo que podría considerarse como desechos se transfigura en vestigios históricos, políticos y culturales que remiten a un tiempo pretérito que ha sido arrasado pero que no ha podido ser aniquilado. El patchwork de retazos de tapices de procedencia multiétnica (turca, palestina, cristiana, persa) sobre el cual se yerguen balaustres desarticulados de su contexto original remite a un hogar que ya no existe como realidad presente pero que sigue vivo como promesa. El desgastado colchón con las siluetas de los cuerpos de los miembros de una familia es una fantasmagórica alusión a los innumerables relatos de desaparecidos; la puerta y la escalera cubiertos con cemento aluden a una realidad clausurada donde no parece haber escapatoria y la muñeca negra de caucho con su perturbadora expresión de horror nos sitúa cara a cara con la muerte y nos recuerda que, como decía el grupo británico de rock Gang of Four, en nuestro tiempo “el cadáver es una nueva personalidad”. Por último, las hondas -cromadas en resina- son un símbolo de las estrategias de resistencia que los más débiles ó “los vencidos de la historia” (Walter Benjamin) son todavía capaces de desarrollar aún cuando se trate de causas “perdidas”.

Hay, por cierto, mucho más en esta muestra de Claudia Salem pero de alguna manera todo concurre a la configuración de un escenario apocalíptico en el que los muros que dividen a los hombres son no sólo barreras que marcan límites arbitrarios y definen espacios profundamente desiguales sino también constituyen linderos inexpugnables dentro de los cuales se busca encerrar y destruir a comunidades que, sin embargo y a pesar de todo, dan batalla por preservar su identidad mostrando, en medio de las ruinas, signos inquebrantables de vitalidad.

Pedro Cornejo Guinassi