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María María Acha-Kutscher

Así como la sociedad patriarcal ha situado a las mujeres según su antojo (las ha ocultado en la sombra, cama adentro, confinado, postergado y relegado), María María las reubica en el primer plano, restituye su protagonismo inmanente cuestionando sus espacios “habituales”, confrontándolas con representaciones clásicas y mediáticas, componiendo enigmáticos frescos auto referenciales que trasegan significados. Mujeres en una melancolía desconcertada de sí, de un leve estar que reinvidica su lugar. Mujeres anónimas y cotidianas como todas, manipuladas digitalmente como muchas, monumentos colosales, mujeres perdidas en medio de la historia, afrontando la tarea infinita, haciendo arqueología de su condición, una genealogía de sus representaciones, reconstruyéndose y construyéndose cada día sin descanso, como la luna cumple su rotación, como espacios de encuentro, de comunión, de alimento, muros de contención, como un dios creado a su imagen y semejanza. Y esa extraña paz contemplativa, de desplazamientos lentos, que parece preceder a la revolución de la naturaleza, cuya representación siempre ha sido y es femenina.

La naturaleza, la diosa más desplazada y abandonada.

Héctor Delgado

Como en aquella infame entrevista donde Alan García se burla de la sacralidad de la naturaleza, los líderes mundiales desconocen que la tierra es un ente vivo. Una explicación lógica es que, en efecto, son extraterrestres y por ello desprecian nuestra fuente de vida y sustento. Invasores, eso es lo que son. Nos han colonizado con sus trajes oscurantistas de íncubos democráticos. ¿Cuál será su planeta de origen? ¿De dónde provienen estos seres? No del pueblo, ni siquiera de la política que es su coartada, vienen de una dimensión oscura no humana. No son de los nuestros (si acaso podemos llamarnos “nosotros”). El caos de sus rostros refleja su descomposición moral, un remiendo de falacias, un discurso mal parchado. Un refrito de semblantes ajados, viejos conocidos inmunes a la sátira pues son ya sátiros, chistes malos que de tanto repetirse son ya tragedias. Presenciamos copias escabrosamente fieles, esta técnica de deformación los retrata de la forma más honesta.

Hasta hace unos años el blanco y negro nos generaba nostalgia de tiempos mejores, una representación de la realidad estilizada, distante y edulcorada. Hoy que todos dominamos los filtros sabemos que no hubo tiempo mejor.

La utopía que subyace en los collages de María María y Héctor desnuda la distopía en la que vivimos, la utopía de que nuestra realidad es una ficción.

Tilsa Otta