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GATOPARDO En el habla alemana el concepto “intento de aproximación” se asocia a una sensación de inseguridad y tensión. ¿Se fijará en mí? ¿Cómo reaccionará? ¿Lograré cautivarlo? El, en este caso, significa lo codiciado, lo buscado, el objeto en que se enfoca mi búsqueda -ese algo- que convierte al ser en inconfundible y vivo, que lo hace verdadero. La pintura de Carolina Kecskemethy se acerca a lo esencia como un felino depredador se aproxima a la presa, como un Gatopardo: ella juega con lo figurativo, lo acaricia y hiere la imagen, la superficie, la piel. La artista construye una atmósfera emocional para romperla de nuevo con frialdad periodística, con dureza. Las parejas y las miradas que se observan en los cuadros sugieren intimidad, pero tan pronto uno pretende introducirse en su historia, el corazón se frena. “Nunca me atraparás, porque no estoy aquí, no del todo” dicen los personajes. El gris, aislamiento de la figura, lo gráfico e inacabado del trazo se burla de mi ingenuo deseo de sumergirme en una cálida ilusión. “Te abandonaremos de inmediato”, dicen las personas y los animales desde los cuadros. Estos personajes fueron extraídos y recortados de un fondo de imágenes públicas de la Internet y justamente ese corte de bisturí les da la oportunidad de nacimiento, de presencia temporal, de un pequeño momento de real existencia. Hasta las imágenes representadas del álbum familiar, de la hija, de los amigos oscilan entre la cercanía, la intimidad y la distancia. Aparecen y desaparecen, para fundirse y desvanecerse en la pintura. “CECI nést pas une pipe”- Esta no es una pipa, declara René Magrite (1928), refiriéndose a su cuadro surrealista que muestra una pipa dibujada al estilo naturalista. El objetivo de Magrite de desilusionar al público tiene, sin duda, otra motivación que la trama a la cual nos induce la pintura de Carolina Kecskemethy. La pareja de baila nos invita también a girar por algunos instantes en esa intimidad. Pero al cerciorarnos, través de la superficie de la imagen, que nos encontramos en el cine a punto de presenciar uno de los grandes momentos de la película: “Play it again, Sam”, la pareja murmura algo y nos negamos a ser expulsados de esta pasión. Si, el Gatopardo está a la caza y lo presentimo: siempre nos morderá en el momento mas bello y apreciado. Cierre los ojos: ¿Aún sigue creyendo en lo inocente de estas imágenes? Bárbara Meyer, Berlín 2008