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La visión es una cosa curiosa. Fluctuamos siempre entre el ver y el mirar, entre el amplio y muchas veces poco definido campo de visión que nos ofrecen nuestros ojos y la focalización, la mirada, que somos capaces de ejercer sobre lo que vemos. En este ámbito, Ricardo Montoya crea un campo de visión que podemos vero pero que está constituido por pequeñas porciones, por detalles que, por así decirlo, debemos mirar. Así, la imagen fotográfica total se vuelve un conjunto de captaciones parciales que encierran, cada una, una porción de tiempo. Y, esta descomposición de nuestro campo visual nos deja con algo así como un mosaico que reverbera en el tiempo, pero en el tiempo vivido que existe entre el ver y el mirar. Sobre el trabajo de Montoya, Toto Fernández opera una nueva descomposición: rompe el mosaico con su elección de algunos de sus fragmentos, unos que considera pintables en tanto elementos aislados y a la vez guías para reconstruir, en su juego con el vacío cincundante, la mirada original. Pero no se detiene ahí. Cada fragmento ha sido sometido a manipulación digital, una que lo priva en parte de su verismo y lo convierte en materia plástica, las formass “reales” se descomponene en una existencia vuelta puro color, una abstracción convebida y dominada por el pintor para restituir la sensación de la mirada. Todas estas descomposiciones, sin embargo, no son mas que modos en que ambos artista dicen la sensualidad en imágenes. Y es que ante la belleza solemos quedar inermes. Y esa sensación es paradójica porque un podría simplemente sentarse y contemplar, pero la belleza nos impele, nos llama, nos convoca a hacer algo con ella, de ella, a poseerla, celebrarla o que sé yo. Y es eso lo nos hacen Montoya y Fernández. Pero, y esto es lo que me interesa primordialmente, lo hacen a partir de la visión: crean imágenes que nos permiten lidiar con la sensualidad, con un hombro que a uno le gustaría alcanzar, con unas caderas que quisiera asir, con el aroma del cabello que uno quisiera respirar para morar en él para siempre. Carlo Trivelli